El desafío del VIH/SIDA en Zambia

Update


Volumen 11 número 2 (junio de 2001)

Juntos en el camino hacia Accra
Reunión del Comité de Culto

¿Cómo preparar el culto?

Designación de un tercer coordinador

Llega Anna Jackson

ARCA: Reformar la tradición reformada

Cassidy se va y llega Kasper, una etapa más

Se entregan los premios Lombard en la Catedral San Pedro

CANAAC: la pasarela del sufrimiento

El desafío del VIH/SIDA en Zambia

Rumania: próxima reunión de la Asamblea de la Región Europea

Reconciliar las identidades: aprender de los demás y cuestionarse mutuamente

Imaginar nuevos modelos de dirigentes en la comunidad de mujeres y hombres

De la oficina del Secretario General
Llenos de vino nuevo

Fondo Asociado de las iglesias reformadas

Procurar la justicia y resistir al mal

Contando una vieja historia renovada

La protección de nuestro medio ambiente: una cuestión religiosa

¡Los amigos no permiten que sus amigos ejecuten a sus conciudadanos!

Este año en Jerusalén

Las iglesias reformadas dan testimonio en América Latina

El Salvador: la tarea de reconstruir

Refugiados y asilo
De repente (y multa mediante) fueron absueltos

El nuevo mundo viene al salvataje del viejo

Los refugiados y los inmigrantes también merecen nuestro respeto

Es un privilegio ayudar

"Acojamos a esta gente como seres humanos"

El que se lleva la palma

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Patricia Sheerattan-Bisnauth

La epidemia de VIH/SIDA en Zambia, dice la Dra. Frida Sakala Kazembe, repercute desproporcionadamente "en las mujeres en edad reproductiva, los jóvenes (de entre 15 y 24 años) y en grupos calificados y económicamente productivos." Los casos de SIDA alcanzan su pico máximo en la franja de mujeres de entre 20 y 29 años y en la franja de edad de entre 30 y 39 años en los varones. En opinión de la Dra. Kazembe, estos datos "indican una particular transmisión de hombres mayores a mujeres más jóvenes."

Las investigaciones muestran "proporciones más altas de mujeres infectadas tanto en zonas urbanas como en zonas rurales," agrega. "Se ha informado de un número importante de casos de SIDA entre niños pequeños, y casi todos estos niños fueron infectados por su madre mediante la transmisión prenatal." De igual gravedad es el número cada vez mayor de huérfanos tras la desaparición de sus respectivas madres, muertas de SIDA.

La Dra. Kazembe se dirigía a una mesa redonda sobre VIH/SIDA celebrada a finales de marzo en Lusaka, capital de Zambia. El debate fue organizado por la Iglesia Unida de Zambia y la Iglesia Reformada de Zambia, junto a nuestro Departamento de Colaboración entre Mujeres y Hombres.

La epidemia de VIH/SIDA somete a la economía zambiana a una gran tensión. El ya empobrecido sistema social se encuentra sobrecargado por la gran demanda de salud pública, bienestar infantil, y otros servicios. En muchos hogares, los huérfanos quedan a cuidado de los abuelos, en otros casos, se obliga a jóvenes adolescentes a asumir la responsabilidad del hogar.

Las mujeres padecen múltiples desventajas en la pandemia, acota la Dra. Kazembe. Las esposas cuidan a sus maridos enfermos, sin embargo cuando son ellas las que enferman, el cónyuge abandona a la mujer y a la familia. Las viudas "llegan a perder lo poco que sus maridos les dejan cuando los familiares del marido aplican la apropiación de bienes."

Algunas iglesias participan en el cuidado de personas que viven con el VIH/SIDA y de huérfanos del SIDA, pero aún queda mucho por hacer. "La iglesia ha tenido que hacerse cargo de trabajadores religiosos infectados así como de miembros de las congregaciones infectados o afectados," señala la Dra. Kazembe. La fórmula llamada de "abstinencia, fidelidad y utilización de preservativos" no ha sido muy eficaz para tratar el VIH/SIDA, en particular en los lugares en que las funciones y expectativas en función del género dejan sin poder a las mujeres.

Las iglesias deben asumir una función precursora a la hora de abordar cuestiones relacionadas con la sexualidad, el servicio a las personas que viven con el SIDA y que mueren a causa de esta enfermedad, las cuestiones éticas relacionadas con la confidencialidad, y el apoyo a las familias afectadas por el SIDA.

Las mujeres corren un riesgo especial de infección porque con frecuencia tienen menos control sobre cuándo y dónde se mantienen relaciones sexuales, y si se mantienen. Económicamente, dependen de su marido o de su compañero, y a menudo son presa de la violencia a manos de estos, una atrocidad que las iglesias deben condenar públicamente.

Las expectativas culturales sobre lo que significa ser un hombre otorgan a los hombres un papel opresivo y los priva de muchos de los dones de Dios, a saber, el cuidado, la crianza y la capacidad de abandonar el poder y coparticipar con las mujeres sobre una base de igualdad. También fomentan la conducta sexual irresponsable de los hombres, que los expone a ellos y a sus compañeras a riesgos mayores.

 

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