Llenos de vino nuevo

Update


Volumen 11 número 2 (junio de 2001)

Juntos en el camino hacia Accra
Reunión del Comité de Culto

¿Cómo preparar el culto?

Designación de un tercer coordinador

Llega Anna Jackson

ARCA: Reformar la tradición reformada

Cassidy se va y llega Kasper, una etapa más

Se entregan los premios Lombard en la Catedral San Pedro

CANAAC: la pasarela del sufrimiento

El desafío del VIH/SIDA en Zambia

Rumania: próxima reunión de la Asamblea de la Región Europea

Reconciliar las identidades: aprender de los demás y cuestionarse mutuamente

Imaginar nuevos modelos de dirigentes en la comunidad de mujeres y hombres

De la oficina del Secretario General
Llenos de vino nuevo

Fondo Asociado de las iglesias reformadas

Procurar la justicia y resistir al mal

Contando una vieja historia renovada

La protección de nuestro medio ambiente: una cuestión religiosa

¡Los amigos no permiten que sus amigos ejecuten a sus conciudadanos!

Este año en Jerusalén

Las iglesias reformadas dan testimonio en América Latina

El Salvador: la tarea de reconstruir

Refugiados y asilo
De repente (y multa mediante) fueron absueltos

El nuevo mundo viene al salvataje del viejo

Los refugiados y los inmigrantes también merecen nuestro respeto

Es un privilegio ayudar

"Acojamos a esta gente como seres humanos"

El que se lleva la palma

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Setri NyomiDe la oficina del Secretario General


El primer Pentecostés de la era cristiana, tal como lo recogen los Hechos de los Apóstoles, es el tiempo en el que los discípulos, compenetrados del Espíritu Santo, vencieron sus temores y salieron desafiantes a proclamar la buena nueva.

Pedro basa su mensaje en la profecía de Joel sobre una nueva era en la que el espíritu sería derramado sobre toda carne y los hijos e hijas profetizarían, los jóvenes verían visiones y los ancianos soñarían sueños. Nadie quedaba excluido de este derramamiento prometido, incluso a los siervos llegaría el espíritu y la profecía. Este Pentecostés es la realización de la intención de Dios de superar las barreras de la edad, la clase, el género y el idioma, e incluir a todas las personas.

Es interesante señalar que incluso aquellas antiguas culturas patriarcales, tanto la profecía original de Joel como el uso que Pedro hace de ella en Hechos subrayan que la promesa es para las mujeres y para los hombres. Va destinada a los hijos e hijas, y a los siervos; a los jóvenes y a los ancianos. No se excluye a nadie.

Los seguidores de Jesús que vivieron este primer Pentecostés eran personas atemorizadas. El Cuarto Evangelio los describe escondidos detrás de puertas cerradas. No podían predicar la buena nueva que rompe las barreras. La experiencia de Pentecostés significó el cambio de toda esta situación.

Hoy, cuando celebramos el Pentecostés de 2001, pareciera que muchos miembros de la familia reformada todavía no se animan a proclamar la buena nueva de que nuestro Señor Jesucristo vino para que todos tuviéramos una vida en abundancia. Vemos la vida de tantas personas comprometidas en lo espiritual, lo social, lo económico, lo cultural y en otras esferas, y muchos de nosotros siguen en silencio. Algunos viven como si no se dieran cuenta de que el derramamiento del Espíritu Santo supera las barreras y los prejuicios, exigiéndonos reconocer los dones de todos los hijos de Dios.

Es tiempo de detenerse, hacer un balance y ver qué nos está faltando. Es hora de afirmar que el Espíritu de Dios ha sido derramado indiscriminadamente en hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, siervos y libres. Es hora de participar sin temor en actividades que aporten plenitud de vida a todas las personas. Es hora de exponer todas las esferas de la vida de nuestra iglesia en la que se niegan o no se utilizan plenamente los dones de todo el pueblo de Dios. Es hora de actuar proféticamente con las fuerzas de la injusticia contrarias a la vida que proclamamos. El Espíritu de Dios viene para conferirnos poder. En el espíritu de Pentecostés no nos podemos permitir que el miedo nos inmovilice. Estamos llamados a romper las cadenas del miedo y romper las cadenas de la injusticia.

Pentecostés nos recuerda que ésta es antes que nada y sobre todo una experiencia espiritual. De ahí que al escuchar a todos los integrantes de la familia reformada, nosotros, en la Alianza Reformada, estemos prestando una renovada atención a la espiritualidad. Esperamos que todos los que integran la Alianza nos permitan ser evaluados por Dios. No es cuestión de retirarse a un estado de devoción que no se condiga con los desafíos de la vida real con que nos enfrentamos. Es un sentimiento profundo de caminar con Dios, escuchar a Dios, con el que se nos responsabiliza para que seamos diferentes y logremos un cambio en un mundo que con frecuencia se olvida de que somos responsables ante Dios.

Esto conlleva una búsqueda continua de nosotros mismos para saber si estamos a la altura de las circunstancias. Los invitamos a que lo hagan en sus propias iglesias y comunidades, y a que intercambien sus respuestas con el resto de la familia reformada mediante este boletín. No se excluye a nadie de este foro. Se ha creado para facilitar esa oportunidad de un intercambio conjunto.

Este Pentecostés, avancemos en el poder del Espíritu Santo, superando las barreras del temor y los prejuicios. Construyamos comunidades dentro de la familia reformada en la que los jóvenes y los ancianos, las mujeres y los hombres, los laicos y los ordenados puedan utilizar con libertad los dones conferidos por el Espíritu Santo para profetizar, ver visiones y tener sueños.

La buena nueva es que Dios hace posible que todos nosotros seamos profetas eficaces a través del Espíritu Santo que se nos concede en Pentecostés.

Setri Nyomi

 

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