La protección de nuestro medio ambiente: una cuestión religiosa

Update


Volumen 11 número 2 (junio de 2001)

Juntos en el camino hacia Accra
Reunión del Comité de Culto

¿Cómo preparar el culto?

Designación de un tercer coordinador

Llega Anna Jackson

ARCA: Reformar la tradición reformada

Cassidy se va y llega Kasper, una etapa más

Se entregan los premios Lombard en la Catedral San Pedro

CANAAC: la pasarela del sufrimiento

El desafío del VIH/SIDA en Zambia

Rumania: próxima reunión de la Asamblea de la Región Europea

Reconciliar las identidades: aprender de los demás y cuestionarse mutuamente

Imaginar nuevos modelos de dirigentes en la comunidad de mujeres y hombres

De la oficina del Secretario General
Llenos de vino nuevo

Fondo Asociado de las iglesias reformadas

Procurar la justicia y resistir al mal

Contando una vieja historia renovada

La protección de nuestro medio ambiente: una cuestión religiosa

¡Los amigos no permiten que sus amigos ejecuten a sus conciudadanos!

Este año en Jerusalén

Las iglesias reformadas dan testimonio en América Latina

El Salvador: la tarea de reconstruir

Refugiados y asilo
De repente (y multa mediante) fueron absueltos

El nuevo mundo viene al salvataje del viejo

Los refugiados y los inmigrantes también merecen nuestro respeto

Es un privilegio ayudar

"Acojamos a esta gente como seres humanos"

El que se lleva la palma

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"Me he enterado de que unos 200 grupos ambientalistas se han unido en contra de las propuestas del Presidente", dijo Wesley Granberg-Michaelson a una conferencia celebrada a finales de mayo en Washington D.C..

"¿Cuál es la función de la iglesia? Es sencillamente convertirse en el 201º grupo de ese coro de presión? ¿O hay algo singular y verdadero que podamos aportar al debate precisamente porque somos iglesias?"

La conferencia de ministerios de justicia medioambiental tuvo lugar inmediatamente después de que la administración Bush hiciera pública su política energética.

Según los críticos, el plan de Bush tiene algunos gestos para con la conservación, pero ampliaría la dependencia de los Estados Unidos del petróleo, el carbón y la energía nuclear, "que destruyen la tierra, contaminan el aire y perjudican la salud pública". No lograría crear un sistema energético limpio, seguro y eficaz, ni reflejar las normas bíblicas de justicia y sostenibilidad.

"La energía de los EE.UU. está ocasionando el recalentamiento mundial," dijo Robert Edgar, Secretario General del Consejo Nacional de Iglesias. "Y el plan del Presidente sólo va a lograr que el planeta se caliente aún más."

En su discurso ante la asamblea, Wesley Granberg-Michaelson, Secretario General de la Iglesia Reformada de los Estados Unidos, dijo que las Escrituras echaban cuatro fundamentos para el cuidado del medio ambiente.

El primero es el pacto de Dios con la tierra y con todos los seres vivos "Dios elige a la creación antes de elegir y convocar a un pueblo," dijo. Segundo, la idea de "naturaleza" como objeto separado a utilizar, explotar y someter, que es característica de la era industrial, proviene de la ruptura de la relación entre Dios, la humanidad y la creación.

En tercer lugar, Cristo vino a reconciliar y mantener unidas todas las cosas, a restaurar una creación, gimiendo por su redención, y anhelándola. Por último, concluyó Granberg-Michaelson, "la creación se vuelve un don de gracia, un don que debe ser devuelto a Dios por el bien de la vida del mundo".

Ada María Isasi-Díaz, profesora de ética y teología cristianas en la Universidad Drew, se hizo eco de este modo de pensar. "Necesitamos una comprensión radicalmente diferente de lo que es estar en el mundo", observó. "De lo contrario, seguirán surgiendo los mismos supuestos de que ahí está el mundo para que lo utilicemos sin restricciones."

Los participantes dedicaron tiempo de la conferencia a una ofensiva interconfesional en Capitol Hill. Visitaron a sus senadores y representantes, ofreciéndoles a cada uno una bombilla fluorescente de bajo consumo. Además, formaron un "gráfico humano de barras" representando la vergonzosa estadística que revela que los EE.UU., con menos del 5% de la población mundial, producen más del 22% de las emisiones de gas de efecto invernadero.

Uno de los primeros logros de política exterior del Sr. Bush fue que la cumbre EE.UU.-Unión Europea no lograra alcanzar un acuerdo sobre el Protocolo de Kioto. Antes de viajar a Europa en junio, el Presidente ya dejó claro que los EE.UU. no firmarían un compromiso de reducir hasta 2012 las emisiones de dióxido de carbono en un 5,2% a partir de los niveles de 1990, objetivo que, en opinión de los ambientalistas, es por demás escaso comparado con lo realmente necesario.

Granberg-Michaelson fue uno de los 38 dirigentes religiosos que enviaron una carta abierta "al Presidente, al Congreso y al pueblo estadounidense" sobre la conservación de la energía y la creación de Dios. Entre otros signatarios se contaban Clifton Kirkpatrick de la Iglesia Presbiteriana (EE.UU.), John Thomas, de la Iglesia de Cristo Unida, Richard Hamm, de los Discípulos de Cristo, y George Anderson de la Iglesia Evangélica Luterana de los Estados Unidos.

En la carta se insiste en que "las perspectivas de fe y de valores" deben modelar el debate de los Estados Unidos sobre la energía. "El futuro de la creación de Dios en la tierra está en entredicho; la naturaleza y la durabilidad de nuestra economía, nuestra salud pública y nuestras tierras fiscales, el medio ambiente y la calidad de vida que legamos a nuestros hijos y nietos. Se nos está llamando a tener en cuenta nuestra finalidad como nación, no sólo a la política."

En la carta se hacen las cinco afirmaciones siguientes:

  • La conservación de la energía equivale a una mayordomía fiel.
  • La conservación de la energía equivale a una responsabilidad intergeneracional.
  • La conservación de la energía equivale a justicia para todos los pueblos y naciones.
  • La conservación de la energía equivale a un proceder humano cauto.
  • La conservación de la energía equivale a liderazgo y solidaridad de alcance mundial.

La conservación, se afirma en la carta, es "una virtud personal y pública, un valor moral global".

"Todo lo que hagamos en el ámbito local para garantizar una energía segura y sostenible debe, a su vez, promoverla en el ámbito internacional. Debemos unirnos en tratados internacionales vinculantes, como el Protocolo de Kioto, que establece objetivos y programas de conservación de la energía. Prevenir el cambio climático es una expresión preeminente de fidelidad para con nuestro creador, Dios."

 

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