Acojamos a esta gente como seres humanos

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Volumen 11 número 2 (junio de 2001)

Juntos en el camino hacia Accra
Reunión del Comité de Culto

¿Cómo preparar el culto?

Designación de un tercer coordinador

Llega Anna Jackson

ARCA: Reformar la tradición reformada

Cassidy se va y llega Kasper, una etapa más

Se entregan los premios Lombard en la Catedral San Pedro

CANAAC: la pasarela del sufrimiento

El desafío del VIH/SIDA en Zambia

Rumania: próxima reunión de la Asamblea de la Región Europea

Reconciliar las identidades: aprender de los demás y cuestionarse mutuamente

Imaginar nuevos modelos de dirigentes en la comunidad de mujeres y hombres

De la oficina del Secretario General
Llenos de vino nuevo

Fondo Asociado de las iglesias reformadas

Procurar la justicia y resistir al mal

Contando una vieja historia renovada

La protección de nuestro medio ambiente: una cuestión religiosa

¡Los amigos no permiten que sus amigos ejecuten a sus conciudadanos!

Este año en Jerusalén

Las iglesias reformadas dan testimonio en América Latina

El Salvador: la tarea de reconstruir

Refugiados y asilo
De repente (y multa mediante) fueron absueltos

El nuevo mundo viene al salvataje del viejo

Los refugiados y los inmigrantes también merecen nuestro respeto

Es un privilegio ayudar

"Acojamos a esta gente como seres humanos"

El que se lleva la palma

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Espantados por lo que vieron durante una visita a un centro de detención de inmigrantes en Nueva York, autoridades cristianas y de otras religiones han hecho un llamamiento al Congreso de los EE.UU. para que corrija sus leyes de extranjería y ponga fin a políticas que tratan a los refugiados como delincuentes.

"Estamos profundamente molestos por la forma en que nuestro país trata a personas que han alcanzado nuestras costas huyendo de sus países de origen", dijo en una declaración sometida en mayo al Subcomité de Inmigración del Senado de los EE.UU..

El texto fue presentado tras recorrer el centro de detención Wackenhut, cerca del aeropuerto internacional John Fitzgerald Kennedy. Los detenidos en Wackenhut no han sido acusados de ningún delito, de hecho, sostienen haber huido de la persecución en sus países de origen. Sin embargo, los visitantes declararon que las condiciones en el centro eran peores que en las prisiones. Describieron un edificio de ladrillo y concreto, cerrado, sin ventanas ni aireación, que alberga dormitorios de entre 12 y 40 camas, y células de "segregación" solitaria.

"Los delincuentes en reclusión tienen más libertad, mayor acceso y oportunidades, dijo Bob Edgar, Secretario General del Consejo Nacional de Iglesias, quien ha trabajado como capellán de prisión federal.

En 1996, bajo la influencia de un fuerte sentimiento contra la inmigración, el Congreso aprobó una ley permitiendo que los funcionarios del servicio de inmigración y naturalización devolvieran a los buscadores de asilo que llegaban al aeropuerto. Hasta 1996, quienes manifestaban que temían a la persecución podían entrar y se les concedía la oportunidad de someter su caso a consideración.

Los grupos eclesiásticos temen que la nueva disposición conceda demasiadas facultades a los funcionarios del servicio de inmigración.

Según la declaración dirigida al Congreso por los participantes en la visita, los buscadores de asilo pueden pasar varios meses o incluso años en detención, "con escaso acceso a atención legal, social y espiritual".

"Mujeres, hombres y niños que han padecido torturas y encarcelamiento, que fueron testigos del asesinato de su familia y la destrucción de sus hogares, y que soportaron largos y azarosos viajes para alcanzar la libertad, se encuentran tras los barrotes," afirmaron.

Durante la visita a Wackenhut, un buscador de asilo alcanzó a hacer una seña, asegurándose de que los funcionarios no podían verlo, quejándose de que llevaba más de cuatro años detenido.

"Las personas que huyen de guerras y de la persecución para salvar su vida y obtener la libertad merecen el respeto y un tratamiento justo y humano", manifestó el representante en Washington del Alto Comisionado para los Refugiados en la audiencia del Senado.

"Estas personas, a menudo traumatizadas, muchas de las cuales pueden haber sido torturadas o sido víctima de otros malos tratos en sus países de origen, no deberían tener que superar obstáculos innecesarios para narrar su historia", agregó Guenet Guebre-Christos. "Deberían tener acceso a asistencia legal para lidiar con el complicado sistema de asilo de los EE.UU. y no se los debería encerrar en prisiones como a delincuentes."

"Creemos firmemente que las leyes de inmigración de 1996 fueron demasiado lejos y no guardan coherencia con la generosa tradición estadounidense de hospitalidad y tratamiento justo de quienes huyen de la persecución", dijo. "Estados Unidos es un país con fuertes raíces de refugiados y tradiciones humanitarias de larga data que no se reflejan en las leyes de 1996."

ARM/ENI

 

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