
Ayudad a los perseguidos - y los procesamos |
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Enjuician a pastores alemanes por contrabando de refugiadosEs posible que conceder asilo eclesiástico a fugitivos, a proscriptos o refugiados sea una tradición de antigua raigambre en la historia cristiana, sin embargo, puede acarrear problemas con la ley. El miércoles 18 de abril, el juzgado del distrito de Braunschweig celebrará la audiencia del caso contra Klaus Kuhlmann y Sabine Dressler-Kromminga, dos ministros de la congregación evangélica reformada de Braunschweig. Su delito es ofrecer el amparo de su iglesia a una familia de refugiados musulmanes. Esta es la primera vez que se ha acusado a pastores de Alemania de "contrabando de refugiados", según lo especificado en el párrafo 92a de la Ley de Extranjería, y -como explica Sabine Dressler a Actualidades Reformadas - pareciera ser un juicio destinado a servir de fuerza disuasoria.
ARM: ¿Contrabando de refugiados? Es una acusación increíble. ¿Cómo ocurrió esto, Señora Dressler? Sabine Dressler: Estoy de acuerdo con usted. La acusación de contrabando de refugiados es una intolerable criminalización de quienes respaldan a los refugiados y el asilo eclesiástico. Esta acusación no sólo nos afecta a nosotros, también alcanza a otros. Da la impresión de que la Fiscalía de Braunschweig desea sentar un precedente. El caso ha ido a juicio porque en enero de 2000 mi colega y yo interpusimos una objeción a la orden sumaria. Declaramos al Tribunal - y hubo testigos que lo confirmaron - que habíamos informado a las autoridades de las medidas adoptadas en relación con el asilo eclesiástico. Desde el comienzo, dimos a conocer el asilo porque queríamos sacar a los involucrados de la esfera de la ilegalidad. ARM: ¿Quiénes son estos refugiados y cuál es su historia? Sabine Dressler: Es una familia de ocho miembros, originaria de Pakistán. Antes de acogerlos, ellos ya habían vivido ocho años en Alemania. Al término de ese período, su solicitud de asilo finalmente fue denegada. Son musulmanes de la comunidad religiosa Ahmadiyyah, perseguida en Pakistán. Durante algunos años, estas personas procuraron que se les reconociese oficialmente como "grupo perseguido" en la Baja Sajonia. Esto fracasó, no porque la situación en Pakistán haya mejorado en algún sentido, más bien todo lo contrario, sino porque la legislación alemana en relación con el asilo ha cambiado. La familia lleva viviendo con nosotros más de cuatro años; por decirlo de algún modo, los niños han crecido en asilo eclesiástico, una situación tremenda para jóvenes que a pesar de estas circunstancias todavía deben desarrollarse. ARM: ¿Cuáles son las perspectivas, pues, para este caso de asilo eclesiástico? Sabine Dressler: Después de que el Parlamento Federal de la Baja Sajonia denegó una petición a favor del derecho de residencia de la familia, logramos cursar una solicitud de inmigración al Canadá, con la ayuda de colegas canadienses que sirvieron de fiadores a la familia. Las autoridades alemanas competentes han sido informadas también de esto. Las investigaciones de la embajada canadiense, no obstante, han tomado largo tiempo. Ya hemos conseguido una aceptación provisional de la familia y todos los días esperamos la decisión final de la embajada pues se han cumplimentado incluso los complicados exámenes de salud pública. ARM: ¡Cuatro años de asilo eclesiástico! Es difícil imaginar lo que esto ha representado tanto para la familia involucrada como para los organizadores. ¿Cómo ha respondido la congregación? Sabine Dressler: Muy positivamente. Debo agregar que estoy orgullosa de nuestra congregación, especialmente en estos tiempos en los que el racismo y el odio a la inmigración es moneda corriente. Desde el comienzo del asilo eclesiástico ha existido un grupo de apoyo dentro de la congregación y mucho más allá; ha sido absolutamente espléndido. No se trata sólo de proporcionar ayuda financiera, aunque eso ya es mucho porque la familia depende por completo de las donaciones. También ha habido un gran respaldo de otra clase, por ejemplo, visitando a la familia y hablando con ellos, o acompañando a los niños al colegio. Los adultos de la familia tienen prohibido trabajar o participar de forma alguna en la vida pública. No pueden abandonar el edificio. Pero los pequeños al menos pueden asistir al colegio. Para responderle de forma completa, sin embargo, debo decir que tras un período tan largo y en tan difícil situación, forzosamente hay algunas tensiones. Así que, cuanto antes la familia pueda reanudar su camino, mejor. ARM: ¿De qué forma pueden apoyarles otras personas? Sabine Dressler: Primero, dando difusión al caso. Segundo -y esto también tiene que ver con las personas públicas y con la iglesia- permaneciendo solidarios con nosotros. Por ejemplo, el año pasado cuando se inició este juicio, Amnesty International nos apoyó organizando una campaña de cartas a las autoridades competentes. Quiero subrayar que este asilo eclesiástico de Baunschweig no es un asunto que nos compete sólo a nosotros, aunque ahora debamos responder como responsables. Si se nos encuentra culpables, si se nos declara traficantes de refugiados, según lo estipulado por el párrafo 92a de la Ley de Extranjería, esto podría tener consecuencias fatales para otros casos de asilo eclesiástico. Si no se desea llegar a esto, las iglesias deben asumir una posición clara en relación con la ayuda a los refugiados, y además, junto con personas que ocupan puestos de responsabilidad política y las autoridades oficiales, buscar soluciones humanas. ARM: Señora Dressler, gracias por concedernos esta entrevista. Esperamos que el juicio y el asilo eclesiástico lleguen a buen puerto.
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