
El debate iniciado ahora en Roma es el que quedó pendiente en 1517 en Wittenberg... |
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Las indulgencias no ocupan un lugar preponderante en la vida diaria de los católicos romanos de hoy. Sin embargo, el "gran jubileo" del año pasado, que marcaba el advenimiento del tercer milenio, volvió a despertar las antiguas diferencias de los cristianos sobre ellas. Desde el principio, la Iglesia Católica Romana quiso que el "gran jubileo" tuviera un carácter fuertemente ecuménico. Las comuniones cristianas del mundo aceptaron de buena gana una invitación a designar delegados para el comité central de Roma que organizaría el año. No obstante, el Vaticano no estaba tan deseoso de "ecumenizar" el año del jubileo como para prescindir de la indulgencia jubilar como "elemento constitutivo" del año. Hasta que fue tarde, nadie pareció darse cuenta de que esta situación terminaría causando problemas.
El representante de la ARM en el comité central era el pastor valdense Salvatore Ricciardi. Los valdenses, "tempranos reformadores" del siglo XII, siempre se han opuesto por principio a las indulgencias (tal como lo hizo Calvino más tarde), y como iglesia minoritaria en Italia son extremadamente sensibles a lo que las diferencia de Roma. Cuando Juan Pablo II publicó Incarnationis Mysterium, la "bula" que anunciaba el año jubilar, Ricciardi comenzó a escribirse con el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, lo que en su momento llevó a la ARM a retirarse de la organización de los actos del año. En octubre de 1998, Ricciardi escribió que la bula "parece ignorar completamente los acontecimientos que sacudieron la cristiandad occidental en el siglo XVI". Reiteró su convicción de que "el lugar de la 'indulgencia' no es otro que el Cristo crucificado y resucitado, y que la iglesia no puede ser la administradora de sus condiciones, sino lisa y llanamente, el testigo." Solicitó que el comité central explicara públicamente que si bien el año jubilar constituía un importante momento en la vida de la Iglesia Católica Romana, no era ésta la ocasión de resolver los problemas ecuménicos relacionados con las indulgencias, que iban a tener que ser abordados desde el 2001 en adelante. Si no era posible esta explicación pública, carecía de sentido que la Alianza permaneciese en el Comité. Una atenta respuesta del Cardenal Edward Cassidy de febrero de 1999 sólo sirvió para subrayar la diferencia de perspectivas. Opinaba que Incarnationis Mysterium mostraba "una situación radicalmente distinta de la que abordaba el Consejo de Trento cuando indicaba los abusos que necesitaban ser erradicados". La bula estaba centrada no en indulgencias sino en el "elemento esencial" del jubileo, la "conversión del corazón" que el Concilio Vaticano II describió como "el alma de todo el movimiento ecuménico". Ricciardi respondió que, en su "protestante obstinación", no percibía ninguna diferencia real entre Incarnationis Mysterium y Trento. La ARM se retiró del comité central en marzo de 1999. Fue el gran ausente del servicio ecuménico de apertura de la "puerta sagrada" de San Pablo fuera de los muros en febrero de 2000, y algunos miembros de la familia reformada la criticaron por ello. La Federación Luterana Mundial (FLM) participó en el servicio y esto le valió proporcionales críticas por parte de algunos miembros de la familia luterana. El Obispo (ahora cardenal) Walter Kasper, del Pontificio Consejo, escribió a la FLM y a la ARM proponiendo la realización de una breve consulta sobre las indulgencias "con el objeto de lograr un mejor entendimiento por parte de todas las partes involucradas". Una vez más, reconoció que había "un muy desafortunado abuso de las indulgencias" en la época de la Reforma, pero expresó la convicción de que una comprensión adecuada de ellas revelaría "valores teológicos particulares" que explicarían la "persistente importancia" que las indulgencias revestían para el catolicismo romano.
Kasper sugirió dos posibles procedimientos: que el equipo católico romano preparara dos documentos, uno histórico, el otro sistemático; y que los participantes luteranos y reformados escribieran respuestas o prepararan presentaciones independientes sobre sus propias perspectivas acerca de las indulgencias. Por extraño que parezca, habida cuenta de los antecedentes de la consulta, se eligió la primera instancia. La consulta tuvo lugar en Roma en febrero del corriente año. Según el Secretario de Teología de la ARM, Odair Pedroso Mateus, sirvió para constatar que el Vaticano estaba "tratando de ser sensible a las preocupaciones ecuménicas protestantes".
La finalidad de la consulta no era la de lograr acuerdos, pero ayudó a clarificar puntos de vista. "Dejó ver claros indicios de lo que los protestantes podrían considerar como una "evolución en la teología y la pedagogía católicas romanas de las indulgencias", dijo Mateus. "Cada vez con mayor frecuencia tienden a interpretar las indulgencias como una experiencia espiritual, más que como una experiencia de gracia de Mamón (una gracia barata que termina siendo cara, algo muy difundido también en las iglesias neo-pentecostales)." "Esta experiencia espiritual de gracia sigue siendo transmitida por la iglesia "visible", investida con una especie de poder espiritual que consideramos extremadamente difícil de conciliar con una institución humana". Páraic Réamonn
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