¿Libres frente al trabajo por la paz?

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Volumen 11 número 1 (marzo de 2001)
Alegría, dolor y unidad en el Señor

Reunión y diálogo del CER y la ARM; nuevos lazos de amistad

Ortodoxos orientales y reformados bailan su última pieza en el Líbano

Robinson se va, pero no todavía

Churches of central and eastern Europe to meet in Budapest

¿Libres frente al trabajo por la paz?

La renovacíon del culto reformado

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Las iglesias se unen (o casi) para superar la violencia

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"Aquí en Colombia hemos tomado conciencia de la crueldad con que se ha instalado una guerra fratricida cuyo legado han sido mujeres, niños y niñas desprotegidos, atentados contra la libertad de las personas, destrucción de la biodiversidad por los programas de fumigación de los cultivos, y el aumento del armamentismo." Así reza el documento final de la 4ª Asamblea General del Consejo Latinoamericano de Iglesias, que se celebró en enero en Barranquilla (Colombia). La larga guerra en curso en Colombia entre las tropas del Gobierno y los paramilitares de extrema derecha y las guerrillas izquierdistas se ha cobrado decenas de miles de vidas y ha causado más de dos millones de personas desplazadas dentro del país.

Es "pecaminoso y perverso", declara con rotundidad la Asamblea, el intento de algunos sectores de la sociedad colombiana que sugieren la guerra como única salida a un conflicto cuya raíz es la desigualdad socioeconómica." Expresa su preocupación por que la estrategia del Gobierno extienda el conflicto a países limítrofes, como Ecuador.

La Asamblea recibió una carta de salutación del Presidente de la Nación, Andrés Pastrana, así como del Ejército de Liberación Nacional, uno de los dos principales grupos guerrilleros. Sin embargo, Milcíades Pua, ministro presbiteriano en Barranquilla, advirtió que el CLAI debería cuidarse de los saludos del Presidente: "La mano que firmó la carta dirigida al CLAI es la misma mano que firmó el Plan Colombia para la destrucción de nuestro pueblo, la intensificación de la guerra para la destrucción del campesinado y de su tierra, y para la creación de más personas desplazadas aún", dijo.

El Plan Colombia es una revisión respaldada por los Estados Unidos de América de una estrategia contra la droga y contra la guerra que defendía Pastrana. Originalmente, el plan se centraba ampliamente en proporcionar alternativas económicas a las zonas rurales que dependen del cultivo de la coca, materia prima para la manufactura de la cocaína. En la versión estadounidense, ahora se pone el acento en la ayuda militar. La mayoría de los 1.300 millones de dólares en ayuda proveniente de los Estados Unidos se destinará a proveer de 63 helicópteros militares de alta tecnología a los militares colombianos y la policía, y a aumentar drásticamente la presencia de las tropas de ese país en Colombia.

"En el Plan Colombia casi ni se contemplan aspectos que podrían evitar la guerra: los derechos humanos, la justicia y un sistema democrático", dijo a la Asamblea Lilia Solano, Presidenta de la Fraternidad Teológica Latinoamericana. "Así pues, la ayuda de los Estados Unidos no servirá para poner punto final a la guerra sino para agravarla."

"Gran parte de la ayuda de Washington terminará nuevamente en las cuentas bancarias de los EE.UU.", agregó. "Mientras tanto, nosotros, como idiotas útiles, seguimos acatando órdenes que destruyen al país."

"Las iglesias de Colombia comenzaron muy discreta y tímidamente, pero ya empezaron a tratar de resolver el conflicto", dijo a ENI Milton Mejía, Secretario General de la Iglesia Presbiteriana de Colombia.

Las iglesias se han visto directamente afectadas por la persistente violencia. Se han cerrado templos, hubo pastores asesinados y se desplazó a congregaciones enteras.

"La mejor manera de contribuir a la paz es uniéndonos a la sociedad civil y contribuyendo a las soluciones que allí se generan", dijo Mejía. "Lo que Colombia necesita es que las personas participen en la resolución de los problemas, y no que se los deje en manos del Gobierno, el ejército, las guerrillas y los paramilitares."

En la reunión de la tarde del 16 de enero, docenas de niños, miembros de grupos de música vinculados con las iglesias y los colegios presbiterianos de Colombia, compartieron su esperanza en la paz en este problemático país y más allá. Hablaron de paz en los hogares y en las aulas, del fin de la corrupción, de compartir la tierra con quienes carecen de ella, y de acabar con los raptos y el trabajo infantil.

La tarde concluyó con la inauguración regional del ‘Decenio para Superar la Violencia’, impulsado por el Consejo Mundial de Iglesias. Los delegados hicieron la promesa de comprometer a sus iglesias a trabajar por una paz "que provenga de las manos de la gente sencilla, de los humildes, los pobres de la tierra, y que sea anunciada por boca de los niños, y por el sonido de la música de los jóvenes".

  El CLAI fue fundado en 1978 en Oaxtepec (México). Entre sus miembros se cuentan unas 150 iglesias de 21 países de América Latina y el Caribe.

"Estas iglesias", señala el Secretario del Departamento de Teología de la ARM, Odair Pedroso Mateus, originario de Brasil, "comparten un entorno económico signado por el subdesarrollo, un marco cultural caracterizado por la violencia de los ibéricos (y más tarde, de los británicos y norteamericanos) contra los nativos y los africanos, y un entorno religioso marcado por la hegemonía regional de la Iglesia Católica Romana, hoy cada vez más cuestionada por la evolución de un pluralismo religioso del que da prueba el rápido crecimiento del Pentecostalismo y el menos visible, aunque bastante importante, crecimiento de las religiones afroamericanas."

En su significativo discurso pronunciado ante una consulta sobre misión que precedió a la Asamblea, Arturo Piedra dijo al CLAI unas cuantas verdades. Había sido incapaz de proponer ideas nuevas o alternativas, y esto, sumado a un "anhelo arrogante" de decirles a las iglesias tradicionales protestantes lo que debían hacer, algunas veces había provocado rechazo. La imagen del CLAI también se vio afectada por la impresión que "había asumido, a veces sin sentido crítico, la totalidad del programa de la izquierda política, en el que la utilidad de la fe se midió básicamente en términos de cambio social".

Unos 50 participantes reformados se reunieron como familia confesional el primer día de la Asamblea. Éramos el grupo confesional más grande. Hice una corta presentación del proceso eclesiástico acerca de la alianza por la justicia económica y la vida en la tierra. Alenté a Epifanio Márquez, Secretario de AIPRAL, región de América Latina de la Alianza, a que organizara una lista de direcciones de correo electrónico de los participantes reformados. Yo también estoy confeccionando listas de correo electrónico de iglesias miembros así como de seminarios teológicos para enviarles comunicados e informes finales de los diálogos y estudios. Espero que muy pronto los dirigentes teológicos y eclesiásticos reformados de América Latina reciban información fluida sobre nuestra labor. Pude reunirme con dirigentes de las iglesias miembros de la ARM de varios países (Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, México). Desde Barranquilla, Epifanio Márquez y yo telefoneamos a El Salvador para obtener información sobre las consecuencias del terremoto en las comunidades reformadas de ese país.

Odair Pedroso Mateus

"Perdió de vista que la prédica del Evangelio tanto afecta a las personas, como a las sociedades, a las familias, como a las instituciones políticas", agregó.

Piedra, profesor de teología y de historia eclesiástica en la Universidad Bíblica de América Latina de San José (Costa Rica), trabajó en la "facultad móvil de teología" patrocinada por la ARM, que el año pasado dictó clases en Guinea Ecuatorial; también representará a la ARM en el diálogo con los Adventistas del Séptimo Día que se celebrará en el mes de abril. De origen costarricense, fue expulsado en 1985 de la Asociación de Iglesias Bíblicas de su país debido a sus opiniones progresistas. Ayudó a fundar la Fraternidad de Iglesias Evangélicas Costarricenses, iglesia miembro de la ARM desde 1992.

Piedra elogió al CLAI por su "compromiso con las mayorías marginadas y por su valoración del pensamiento teológico latinoamericano". No obstante, dijo, era "absurdo" adoptar posiciones "que terminaban formando profetas sin pueblo," radicales cuyas propuestas e idioma sólo entendían unos pocos".

El CLAI necesitaba "ampliar los horizontes" de las iglesias, dijo a la consulta, pero con "sabiduría pastoral más que con posiciones vanguardistas o un mesianismo retórico, y sin etiquetar a quienes no estaban de acuerdo con sus puntos de vista". Su futuro dependía de su importancia para las iglesias. "No tiene sentido pertenecer a una asociación de iglesias que no representa gran cosa para la vida de las iglesias".

Las iniciativas para abrir el CLAI a las iglesias pentecostales, que han venido extendiéndose como reguero de pólvora en América Latina, dividieron las opiniones en la Asamblea.

"La fe pentecostal tiene mucho que ofrecer a las iglesias tradicionales", dijo a ENI Carlos Támez, profesor del Seminario Teológico Presbiteriano de México. "Poco a poco, las iglesias tradicionales se han venido estancando en una estructura litúrgica, doctrinal y disciplinaria que no nos ha permitido vivir el Evangelio en plenitud. La fe pentecostal nos ayuda a acercarnos a la espiritualidad del pueblo, los pobres".

Támez subrayó que no todos los pentecostales eran iguales. "Hay nuevas tendencias, como los neo-pentecostales y quienes creen en la guerra espiritual, o que proclaman la teología de la prosperidad, que deben ser estudiadas escrupulosamente, e incluso criticadas", agregó. "Tenemos que indagar el proyecto ideológico que hay detrás de estas manifestaciones, analizando los cambios globales que proponen. Tenemos que distinguir entre las caricaturas reales o imaginarias del pentecostalismo, por una parte, y la fe pentecostal, por la otra."

"Tenemos que abrirnos a estas nuevas dimensiones de la fe en esta región", concluyó. "Esto no significa que debemos abandonar los proyectos del CLAI que se centran en la justicia, el amor y la solidaridad. Esos programas no están en peligro. Lo que está en peligro es nuestra apertura a los nuevos contextos y a las nuevas oportunidades que este milenio nos está brindando."

Los participantes reformados fueron cautamente optimistas sobre los resultados de la Asamblea.

"Tenemos que llegar a abrir las puertas del CLAI a nuevas iglesias sin vivir esto como algo que diluirá nuestro testimonio", dijo Noemí Espinoza, delegada ante la Asamblea por la Iglesia Reformada de Honduras y primera vicepresidenta del nuevo Comité Ejecutivo, "sino como algo que va a profundizar nuestra fe, fortificar nuestro testimonio social y dar resonancia a nuestra voz profética".

ARM/ENI

 

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