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Estas son palabras que se pronuncian cada vez que la Iglesia Unida del Canadá recita su credo, "componente esencial de lo que pretendemos ser y hacer como iglesia". También conforman el título de un informe de 88 páginas sobre justicia económica mundial, recientemente publicado por la división de alcance mundial de la iglesia antes mencionada.

En el informe, presentado en agosto de 2000 en la 37ª asamblea general de la Iglesia Unida del Canadá, se invita a sus lectores a ver la injusticia económica mundial, discernir o juzgar lo que significa para nuestra fe cristiana, y actuar en misión común por la justicia. No se pretende sugerir una oposición indiscriminada a todos los aspectos del sistema económico mundial, ni oponerse a toda actividad comercial o con fines de lucro, ni presentar un programa para una sociedad alternativa. Más bien es un clamor y un llamamiento a buscar justicia y resistirse al mal con objeto de que juntos en la misión construyamos una economía mundial para todo el pueblo de Dios.

En los pasados años de 1998-2000, como la división del alcance mundial se centraba en la injusticia económica mundial, se decidió que era importante transmitir a toda la iglesia lo que los asociados tenían que decir sobre las repercusiones de la injusticia económica en sus contextos y las ideas teológicas sobre el mercado mundial que tan claramente están expresando.

"Viajamos a Centroamérica después del Huracán Mitch. Viajamos a Zambia cuando asolaban las políticas de ajuste estructural que condenan a las familias a padecer enfermedades y malnutrición. Viajamos a China, en donde nos enteramos del alto precio que pagan los trabajadores que fabrican juguetes para nuestros niños. Visitamos Gold River, una comunidad canadiense en la que la globalización económica ha exacerbado el efecto del éxito y estropeado la economía de los recursos naturales, desplazando a los pueblos indígenas y trabajadores y perturbando el equilibrio ecológico."

"Nuestros hermanos y hermanas del Sur nos desafían a abrir nuestros ojos al dolor y el sufrimiento infligido en su pueblo por un sistema injusto que niega una vida digna a la mayoría de la población del mundo, y a unirnos a su denuncia y oposición a este sistema."

"El camino no será fácil porque sus historias muestran que nosotros también somos parte del mismo sistema injusto y que estamos profundamente influidos y sometidos por sus valores y exigencias."

La reflexión teológica sobre el actual sistema económico "brinda una poderosa expresión del mal que detectamos en el mercado mundial, transformado en dios, al cual estamos llamados a resistir".

"En efecto, el neoliberalismo, paradigma del mercado libre que gobierna la práctica económica en el mundo de hoy, presenta exigencias absolutas en relación con el lugar en que se desarrolla, práctica que para algunos equivale a idolatría."

Es posible actuar por la justicia, se afirma en el informe. "Aunque se nos puede tentar a negar o desesperar por la injusticia imperante a nuestro alrededor, "no hay alternativa", el Evangelio de Cristo nos habla de una nueva esperanza... Para develarla, debemos desenmascarar el orden económico con su aura de inevitabilidad y de ley natural. El Espíritu de Cristo, que llama a través del sufrimiento de los pueblos de Asia, África y América Latina, nos advierte de la muerte, ¿no está ese mismo Espíritu, mediante ejemplos vivos de fe y esperanza, llamándonos a la vida?"

Al recibir el informe, la 37ª asamblea general afirmó la justicia económica como imperativo evangélico, "esencial para la integridad de nuestra fe en Dios y nuestro discipulado como cristianos". Confesó que el actual sistema de capitalismo desmedido del mercado mundial constituye "un falso dios que exige el sacrificio de las personas y de la tierra en beneficio de las ganancias y la competitividad, y, en consecuencia, es un pecado contra Dios, contra nuestro prójimo y contra la creación."


Se puede obtener copia del informe, que coincide notablemente con el proceso de alianza por la justicia de la ARM, así como una guía de estudio, acción y culto de la Iglesia Unida del Canadá (www.uccan.org). La persona de contacto es Elizabeth Edo, Division of World Outreach, United Church of Canada, 3250 Bloor St West, Suite 300, Etobicoke, Ontario M8X 2Y4 (uccdwo@uccan.org).

 

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