Semper Reformanda
Alianza Reformada Mundial![]()
Mensaje a las iglesias del Norte |
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La mundialización económica y sus consecuencias En noviembre de 1999 la Alianza organizó en Bangkok (Tailandia) un simposio sobre este tema en colaboración con el Consejo Mundial de Iglesias, la Conferencia Cristiana de Asia, la Iglesia de Cristo en Tailandia, y el Foro Asiático Cultural sobre Desarrollo. Asistieron más de 60 personas de diversos sectores de la sociedad de Tailandia y de otros 19 países, a saber, Alemania, Canadá, China, Corea, Costa Rica, Francia, Gran Bretaña, India, Indonesia, Japón, Malasia, Nepal, los Países Bajos, Filipinas, Sudáfrica, Sri Lanka, Suiza, Uganda y Vanuatu. El siguiente mensaje a las iglesias del Norte es sólo uno de varios mensajes que se enviaron desde el simposio. Reunidos aquí en Bangkok, procedentes de distintos países de Asia y otros países, y comparando las experiencias de nuestras economías y de nuestros pueblos; escuchando las historias y el clamor de granjeros, mujeres, pueblos indígenas, pescadores, pobres urbanos y residentes de barrios miserables de Tailandia, y al escuchar testimonios similares de Corea, India, Indonesia, Malasia, Nepal, Filipinas y Sri Lanka, nos sorprenden las consecuencias comunes que tienen la deuda y la mundialización de la economía en nuestras sociedades y en la naturaleza. Como comunidad cristiana, somos miembros del mismo cuerpo de Cristo; "si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él" (1 Co 12.26). Según la tradición reformada, la economía es un marco social del cual se espera sustente la vida en comunidad. Sin embargo, el orden económico actual, promovido por el neoliberalismo, contribuye al desmembramiento de la comunidad más que a su sostenimiento. Nos convenció la evidencia presentada al simposio de que muchas personas, tanto cristianas como no cristianas, no sólo sufren, sino que sistemáticamente son excluidas de la comunidad. Muchas personas del Sur dicen que la economía actual es intolerable y algunos en el Norte sostienen lo mismo. ¿Cómo podemos justificar la afirmación religiosa de que somos uno en Cristo si más y más hermanas y hermanos sufren y son excluidos? El empobrecimiento cada vez mayor, la desigualdad creciente de la distribución de las ganancias, el carácter cada vez más ocasional del trabajo barato, la feminización de la pobreza, un aumento del trabajo infantil y del tráfico de niños, y la destrucción ecológica, que afecta la salud y el bienestar de los pobres rurales, quedaron de manifiesto en el simposio como consecuencias concretas de la mundialización económica basada en el neoliberalismo. Asimismo, la pobreza, el suicidio y el aumento de la criminalidad se han disparado como consecuencia de la crisis económica asiática y la consiguiente intervención del Fondo Monetario Internacional. De una población total de 63 millones, el número de pobres en Tailandia aumentó de 7 millones en 1997 a 12 millones en 1998 según las estimaciones; la tasa de suicidios pasó del 10 por 100.000, al 14 ó 15 por 100.000, y el número de presos aumentó de 66.000 a 170.000. Paradójicamente, incluso cuando la crisis económica golpeaba duramente a los pobres, en Tailandia, Corea y Filipinas aumentó el porcentaje del ingreso nacional que ganaba la minoría rica. La actual tendencia de la mundialización económica está profundizando la brecha entre los ricos y los pobres. Además del dolor y el sufrimiento que hay en el Sur, hay amenazas en el Norte. Nos enteramos de la pobreza, que vuelve incluso a sus sociedades más ricas; se nos informó de la destrucción medioambiental también en su entorno, y de la alineación, la soledad y el abuso de las mujeres y de los niños. Todo eso mientras la mayoría de sus iglesias pierden miembros. Y nos preguntamos: ¿No está esto en gran medida relacionado también con el hecho de ser rico y desear ser más rico de lo que ya lo es la mayoría de ustedes? ¿No hay en la visión occidental de los seres humanos y de la sociedad una falsa ilusión que siempre mira hacia el futuro y quiere mejorarlo, incluso si esto supone agravar el sufrimiento de sus propias sociedades y de las del Sur? ¿No han olvidado la riqueza asociada con tener lo suficiente? Si, según Efesios 1 Dios se prepara en la historia humana para reunir a todas las personas y las cosas bajo el dominio de Jesús, su rey-pastor (¡la propia mundialización de Dios!), ¿no deberían ser el cuidado mutuo y el compartir las características principales de nuestro estilo de vida, en lugar de sucumbir a la tendencia secular de un consumismo cada vez mayor? ¿Qué ha sucedido con nuestra fe común en Dios, en Cristo y en la Iglesia Universal? ¿Qué ha sucedido con la enseñanza elemental de la mayordomía común y de la solidaridad cristiana con el sufrimiento del prójimo? Estamos convencidos de que ha llegado el momento de volver a las sencillas enseñanzas fundamentales del Evangelio. Es hora de que todos nosotros elijamos: Dios o Mamón, el Dios único verdadero o la idolatría de la riqueza. Sabemos que algunas iglesias del Norte son muy activas en este sentido y sentimos gran solidaridad con sus acciones, pero la situación actual nos invita a levantarnos todos juntos:
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