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La Octava Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias ha dado más peso al llamamiento de la ARM a un processus confessionis sobre la injusticia económica y la destrucción ecológica.

La Alianza hizo este llamamiento hace sólo un año, en ocasión de la 23ª Asamblea General reunida en Debrecen en agosto de 1997, cuando solicitó a las iglesias miembros de la ARM que abordaran estos problemas a través de "un proceso progresivo de reconocimiento, educación y confesión" a todos los niveles de su vida eclesiástica.

Ahora, la Octava Asamblea del CMI, reunida en Harare en diciembre de 1998, ha ampliado la invitación, manifestando su aprecio y su apoyo, y alentando a las iglesias miembros del CMI a unirse al proceso.

Ferencne Fodor-Nagy, una ministro de la Iglesia Reformada de Hungría, presentó la recomendación, que fue aceptada sin oposición.

La medida fue adoptada el último día de la reunión, cuando la Asamblea respondió a una larga declaración sobre "mundialización" presentada por el Comité de Examen II.

Recordando "la visión de un pueblo libre que inspiró la lucha de África para liberarse del colonialismo", el Comité dijo que "en algunos aspectos fundamentales", el legado del colonialismo aún estaba presente, aunque "con un nuevo rostro".

"Los motores de esta nueva forma de dominio son los poderes económicos, tan insidiosos como los colonizadores políticos, y una sutil pero poderosa ideología que parte de la base de que la forma de mejorar la calidad de vida es dar carta blanca a las fuerzas del mercado."

A esta altura, el análisis nos es familiar. La mundialización "contribuye a la erosión de la nación-estado, socava la cohesión social e intensifica la conquista de la naturaleza". Los programas de ajuste estructural se utilizan "para obtener mayor control de los presupuestos nacionales y crear un ambiente provechoso y seguro para las inversiones del sector privado", pero "a costa y por encima de las personas". Nuevas instituciones, como la Organización Mundial del Comercio y el propuesto Acuerdo Multilateral sobre Inversiones "consolidan el poder de los ya privilegiados". Mientras el capital puede circular libremente a través del planeta, " se están creando nuevos obstáculos para detener el flujo de trabajadores migrantes". El mercado del trabajo "es sometido a control y está perdiendo fuerza". La especulación financiera debilita aún más las ya débiles economías, causando la crisis de los mercados financieros en Asia y poniendo en peligro la economía mundial en su totalidad.

La mundialización es una realidad ineludible del mundo de hoy. No es sólo una cuestión económica; también tiene dimensiones culturales, éticas y ecológicas. De un modo u otro, nos afecta a todos.

La mundialización está regida por la ideología neoliberal de que "una 'mano invisible' asegurará el bien óptimo mientras cada persona procura su beneficio económico". Esta idea implícita en la mundialización es una visión que se contrapone al compromiso cristiano con la oikoumene, la unidad de la humanidad y toda la tierra habitada".

El neoliberalismo considera a los seres humanos "como individuos antes que como personas que forman parte de una comunidad, como seres consumistas y materialistas antes que espirituales". El resultado previsible es "un sistema poco atrayente", un oikoumene mundializado de dominación y exclusión "que contrasta con la oikoumene de fe y solidaridad, fuente de inspiración y energía para el movimiento ecuménico"

Expresada con menos claridad y redactada de manera menos elegante que los textos equivalentes de Debrecen, a la declaración de Harare puede reprochársele que no plantea el debate de modo significativo, en particular, que no establece claras distinciones entre la mundialización como un hecho histórico, con raíces que se remontan hasta el siglo XV en Europa, y las formas determinadas de dominación y exclusión que adquiere en la actualidad, o entre neoliberalismo en general y el proyecto histórico específico (y, podemos predecir, ya sentenciado) de un libre mercado mundial.

No obstante, estas críticas no vienen al caso. Lo importante no es la declaración en sí misma sino el proceso al que puede dar lugar. Si ayuda movilizando a las iglesias de todo el mundo a través de las líneas confesionales en un proceso de reconocimiento, educación, confesión y acción en materia de injusticia económica y destrucción ecológica, entonces habrá alcanzado el objetivo deseado.

Páraic Réamonn

 

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