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Diálogos teológicos bilaterales

 
Teología


Diálogos bilaterales

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Una característica constante en la historia de la Alianza es un firme compromiso con la tradición reformada dentro de un entorno ecuménico más amplio. Nuestros diálogos teológicos bilaterales y otros compromisos programáticos con otras Comuniones Cristianas Mundiales deberían considerarse desde esta perspectiva.

En la reunión del Comité Ejecutivo de la ARM celebrada en 1956 en Praga, el Presidente, John A. Mackay, habló sobre el renacimiento de lo clerical, pero describió "el resurgimiento del confesionalismo" como un factor positivo. En el nuevo confesionalismo, a diferencia del antiguo, los órganos confesionales no pretendían ya "dar un carácter absoluto a sus diversas estructuras confesionales o lealtades. Ninguna confesión cree que representa la exclusiva y sola iglesia de Cristo, la "una sancta", sino que cada una procura hacer su contribución concreta a "la casa del tesoro ecuménico de la fe y la vida cristianas".

Por consiguiente, propuso que las "autoridades confesionales se reunieran a intercambiar información y debatir las políticas en una atmósfera de confianza cristiana".1 El Comité Ejecutivo respaldó esta propuesta y se ofreció a auspiciar una invitación a las autoridades de otras confesiones. La primera reunión se celebró en 1957. Desde entonces, se celebra una reunión anual de los Secretarios Generales de las Comuniones Cristianas Mundiales.

Estas reuniones, junto con los cambios propiciados por el Concilio Vaticano Segundo (1962-1965) en la atmósfera ecuménica, impulsaron una época de contactos bilaterales de mayor intensidad entre las Comuniones Cristianas Mundiales. Esto también dio lugar al diálogo teológico sobre aquellas doctrinas que históricamente las han dividido.

La ARM se embarcó en diálogos bilaterales en el decenio de 1970. Se celebraron diálogos con los anglicanos, los bautistas, los discípulos de Cristo, los luteranos, los menonitas, los metodistas, los católicos romanos y los ortodoxos. En la actualidad, la Alianza participa en diálogos con los ortodoxos, los ortodoxos orientales, los pentecostales, los católicos romanos y las iglesias independientes africanas, y está estudiando la posibilidad de entablar un diálogo con los adventistas del séptimo día.

Estos diálogos se celebran en representación de las diferentes familias confesionales y en ellos se abordan las cuestiones doctrinales que históricamente han dividido a las iglesias entre sí, esperando que se llegue a un acuerdo suficiente para establecer una relación más estrecha entre las dos tradiciones. Son, en su mayoría, diálogos interconfesionales oficiales cuyos participantes son designados por las entidades confesionales, ante las cuales son responsables. En algunos casos (los pentecostales, por ejemplo, que no tienen una estructura confesional internacional) hay un arreglo menos formal, sin embargo, los representantes también consideran que representan a su tradición y que son responsables ante ellos.

En el marco de estos diálogos se ha realizado una sólida labor teológica. La cuestión de la recepción de sus resultados por parte de las iglesias miembros, hasta ahora, ha sido tomada con menos seriedad. Si bien las iglesias no han cuestionado el valor de los diálogos, en muchas no se ha prestado seria atención a los informes de los mismos.

En parte, esto se debe a cuestiones que hoy se plantean en muchos contextos sobre el ecumenismo y la identidad confesional. ¿Debería la unidad - la unidad de la familia confesional, la unidad de la iglesia cristiana - entenderse solamente en términos de un regreso a la tradición? ¿Y en este caso, a qué tradición? ¿Y qué ocurre con las que no formaron parte de esa reunión o estuvieron deliberadamente excluidas de ella? ¿Pueden los cristianos reformados abrirse a tradiciones cuya aparición es reciente? Sobre todo, ¿cómo pueden la renovación de la iglesia y la recuperación de la tradición mantenerse juntas? No hay respuestas fáciles a estos interrogantes.

En este contexto, es preciso mencionar un diálogo multilateral en curso que comenzó en Praga en los años 80 a modo de consulta sobre la herencia de las reformas "Primera" y "Radical", y que se amplió en Ginebra en la década de 1990 con objeto de incluir a representantes de diferentes tradiciones (valdenses, husitas, luteranos, reformados, bautistas, menonitas, moravos, metodistas, etc.), quienes de alguna manera se consideran herederos de la Reforma. El propósito de este diálogo es desarrollar una visión más general de la trayectoria reformada en la historia cristiana. Ahora se verá más enriquecida a través de una mayor participación por parte de representantes de las iglesias de la Reforma en el Sur.

La 23a Asamblea General (Debrecen, Hungría, 1997) reafirmó el compromiso con el diálogo bilateral y mantuvo su importancia en una época en que el espíritu ecuménico parece estarse debilitando, al menos en algunas partes de la Iglesia.

Evaluaciones periódicas realizadas por la Comisión de Fe y Constitución del CMI y por el Departamento de Teología de la ARM han señalado su valor.2 En 2001, la ARM organizará una evaluación más amplia de su participación en el diálogo con otras Comuniones Cristianas Mundiales.


Notas

1. A History of the Ecumenical Movement [Historia del Movimiento Ecuménico], 1517-1968, vol.2, ed. Harold F. Fey (Ginebra: CMI, 1993), pág.122.

2. H.S. Wilson, ed., Bilateral Dialogues [Diálogos bilaterales], Estudios de la Alianza Reformada Mundial, no.24 (Ginebra: ARM, 1993).

 

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