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Romper las cadenas injustas

 
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La preocupación por la justicia está en el corazón del mensaje bíblico y de la tradición reformada. La pasión de Juan Calvino y de otros reformadores por la justicia social dejó su huella en el testimonio de las iglesias reformadas. En décadas recientes, la teología reformada ha afirmado el llamado primordial de la justicia de Dios para con los pobres y los oprimidos.

En razón de ello, la Alianza eligió para su 23a Asamblea General un tema inspirado en Isaías 58:1-12: Romper las cadenas de la injusticia. La Asamblea se celebró en Debrecen (Hungría), en agosto de 1997.


Cuatro destacados oradores analizaron el tema desde sus diferentes perspectivas. Elsa Támez (Costa Rica) sobrecogió a los delegados con su alusión a la leche, utilizándola de elocuente metáfora. Walter Brueggemann (EE.UU.) alentó a los cristianos a desafiar a los dioses del mundo de la economía que podían disimular la cuestión conexa de la riqueza y la dominación a manos de unos pocos. Leonor Briones (Filipinas) hizo hincapié en la crisis de la deuda externa, que ha debilitado las economías del Tercer Mundo durante las dos últimas décadas. Más de mil millones de personas están excluidas de la participación activa en la vida económica. Aaron Tolen (Camerún) aludió al África para denunciar la injusticia, pero también para reconocer su propia complicidad. Para romper las cadenas de la injusticia en África, la Iglesia debe asumir la función de vigía, protegiendo los intereses de los débiles, los vulnerables y los pobres.

Para romper las cadenas de la injusticia es preciso el arrepentimiento, el análisis cuidadoso, una estrategia mundial y el testimonio común. La Asamblea General hizo un llamamiento a las iglesias miembros de la Alianza a participar en todos los niveles de su vida en un processus confessionis: un proceso comprometido de reconocimiento progresivo, educación y confesión por lo que respecta a la injusticia económica y la destrucción ecológica. En este sentido, adoptó una posición que eleva estas cuestiones de un nivel meramente formal o ético a un nivel de confesión y fe.

Un pilar importante de la Asamblea General fue su vida de culto. Sin lugar a dudas, con su atmósfera respetable, el Gran Templo no ha vivido con frecuencia tantos cánticos fervorosos, batir de tambores, música, danza y liturgia gestual. Fue un indicio de que el culto reformado puede ser atractivo, ameno y lleno de entusiasmo.

Un segundo pilar significativo estuvo constituido por los grupos de estudio bíblico, en los que entre 15 y 20 personas se reunían a deliberar sobre los pasajes bíblicos del día y aportar sus historias relacionadas con el tema.

Durante varios días, los delegados trabajaron en secciones, subsecciones y comités. Los informes de las secciones se deben estudiar junto con los textos de estudio publicados en la preparación de la reunión. Los dos juegos de documentos son complementarios.

Antes de la Asamblea General se celebró un congreso previo de las mujeres y un foro de la juventud reformada. La repercusión que tuvieron sus informes en la Asamblea fue un emotivo testimonio del peso cada vez mayor de dos grupos, que en el pasado fueron ignorados o marginados. Se alentó a las mujeres y a los jóvenes a hablar y participar plenamente en la vida de la Alianza y en sus iglesias locales.

La 21a Asamblea General (Ottawa, Canadá, 1982) suspendió la calidad de miembro de la ARM a la Iglesia Reformada Holandesa (IRH) de Sudáfrica en un momento en que la IRH procuraba defender el apartheid ("desarrollo separado") y hasta justificarlo desde el punto de vista teológico. Después de 15 años, era tiempo de examinar esa posición. Tras dilatadas deliberaciones con los representantes de la IRH y la Iglesia Reformada Unida de África Austral, y teniendo en cuenta las posiciones de las iglesias miembros de la ARM en el África Austral, se resolvió levantar la suspensión, a condición de que la IRH cumpliera con la tercera y última exigencia de Ottawa, a saber, rechazar el apartheid como pecaminoso en su esencia fundamental, lo cual cumplió en el Sínodo de 1998.

La Asamblea General admitió la solicitud de miembros de iglesias de la República Dominicana y de las Islas Salomón y Marshall y aprobó en calidad de miembros a otras 45 iglesias que habían sido admitidas por el Comité Ejecutivo desde la 22a Asamblea General (Seúl, Corea, 1989). La ARM es una comunidad de más de 200 iglesias de más de 100 países, sin embargo, todavía debe recorrer cierta trayectoria para poder decir que representa a la totalidad de la familia reformada.

La Asamblea General dio reconocimiento a dos nuevos consejos regionales: la Asociación de Iglesias Presbiterianas y Reformadas de América Latina (AIPRAL) y el Consejo Regional del Nordeste Asiático. Por consiguiente, se sumaron dos nuevos órganos regionales a los tres ya existentes: el Consejo Regional del Caribe y de América del Norte (CANAAC), la Región Europea, y la Alianza de las Iglesias Reformadas de África Austral (SAARC).

La Asamblea General hizo un llamamiento a todas las iglesias miembros a aumentar sus contribuciones con el objeto de salvaguardar y desarrollar el trabajo de la Alianza. Esta cuestión financiera tiene una dimensión teológica. ¿Es la Alianza una asociación con lazos escasamente estrechos con la que las iglesias pueden estar más o menos comprometidas según lo decidan, o somos una comunidad (koinonía) de iglesias que se cuidan mutuamente y comparten el peso de las cargas?

El emplazamiento en el que se desarrolló la Asamblea de Debrecen, con la Universidad Reformada, el Instituto de Formación Docente, el Gran Templo y los diversos lugares de alojamiento, todos cercanos unos de otros, fue muy propicio para el buen espíritu de la reunión. El patio de la Universidad Reformada estaba pleno de vida de la mañana a la noche. La Alianza agradece a la iglesia anfitriona, la Iglesia Reformada de Hungría, y a todos los que hicieron posible la realización de la 23a Asamblea General.

 

UP

 

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